¿Alguna vez has sentido que todo cae lentamente en un vacío? ¿Que todo lo que tanto de costó reconstruir se cae a pedazos otra vez?.
Pues bien, yo me siento así.
Siento como si tuviese una soga atada al cuello, la cual se aprieta cada día más.
Las obligaciones, las responsabilidades y las decisiones me están pasando la cuenta, a tal punto que hasta el pelo se me cae a mechones.
La verdad es que ya no sé que hacer...
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